ULTIMAS REFLEXIONES

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UN ROSARIO CADA VIERNES

Cada viernes, hora peninsular 09:00, en Canarias a las 08:00, y en cualquier otra parte del mundo la que mejor puedan elegir, nos unimos en el rezo del Rosario por la unidad de todos los creyentes, por la familia natural, hombre - mujer, por la vida y por la libertad de educación de los hijos.

Desde tu casa, online, desde tu trabajo, desde tu hospital y enfermedad, desde myfeeling, desde todas los colectivos y asociaciones, desde donde quieras que estés, tú también puedes unirte en este clamor al Padre, unidos a María Santisíma, para que el Espíritu Santo nos dé la capacidad y la luz de salvaguardar la vida y los valores morales y naturales que la dignidad de las personas hemos recibido de nuestro Padre Dios

miércoles, 22 de octubre de 2014

EN LA CIMA DE NUESTRA AMBICIÓN



Supongo que es de recibo entender y asumir que todo ser humano aspira a lo más grande. A lo más grande que, según sus capacidades, talentos, ambiciones y empeño, puede alcanzar. Nunca nadie puede pretender ser torero si no tiene cualidades, talento y deseos enormes de ser torero. En muchos habrá ese deseo, pero faltará el talento, y en otros será al revés.

Tendrá que darse juntos para que se puede alcanzar esa meta. Se trata, no sólo de dar lo que se puede, sino también lo que se debe. Porque quién puede debe dar la medida de su poder o capacidades, y esa es la noticia que hoy el Evangelio nos descubre y advierte: «Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más». (Lc 12,39-48).

Pidamos al Señor la sabiduría y la luz necesaria para discernir el bien del mal y poner todo nuestros empeño en dar la medida de nuestra capacidad para el bien común. Amén.

martes, 21 de octubre de 2014

ESPERANDO LA NOTICIA CON ESPERANZA



Si hay algo cierto es que llegará la hora. La hora que tendremos que partir. Pero no sabemos cuándo, ni dónde ni cómo. Sólo sabemos que llegará. El sentido común y la buena lógica nos advierten que tenemos que estar vigilantes, porque no sabemos cuando seremos sorprendidos. Posiblemente cuando llegue ese momento nos cogerán tal y como estamos. No habrá tiempo para más.

Y esa es la explicación que voy descubriendo en aquellas personas que llegado el anuncio de la proximidad de su hora, se quedan sin reacción. Al menos no parecen reaccionar sino resignarse tristemente. ¡Caramba, si estamos llamados al gozo y a la vida eterna! ¿Es qué no nos damos cuenta? ¿No leemos el Evangelio?

Hoy Jesús nos dice eso: (Lc 12,35-38): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos!».

Tendremos que mirar el parte meteorológico, no cabe duda, pero mucho más importante y vital es estar atentos y preparados para cuando nos llegue la hora en la que seremos llamados a la presencia de Dios. Es esa hora cuando tendremos que responder de nuestra actitud de amor con los demás.

Porque sólo en el atardecer de nuestra vida seremos juzgados del amor con el que hayamos vividos. Pidamos al Señor que nos llene de fortaleza, luz y misericordia para que nuestra vida irradia amor por los cuatro costados. Amén.

lunes, 20 de octubre de 2014

ORACIÓN



Virgen y Madre María,
ayúdanos a decir nuestro "sí"
ante la urgencia, más imperiosoa que nunca,
de hacer resonar la Buena Noticia de Jesús.

Intercede por la Iglesia,
para que nunca se encierre ni se detenga
en su pasión por la actividad misionera.

Ayúdanos a resplandecer
en el testimonio de la comunión,
de la fraternidad y la solidaridad,
de la fe ardiente y generosa,
de la justicia y el amor a los pobres,
para que la alegría del Evangelio
llegue hasta los confines de la tierra
y ninguna periferia se prive de su luz.

Madre del Evagenlio viviente,
manantial de alegría para los pequeños,
ruega por nosotros. Amén.