ULTIMAS REFLEXIONES

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UN ROSARIO CADA VIERNES

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miércoles, 28 de septiembre de 2016

¡SEÑOR, TÚ MI PRIMERA OPCIÓN!



Sé, Señor, que mis fuerzas me fallan, y mi condición humana me traiciona a cada momento. El camino, la subida se hace cuesta arriba y penosa. Me quedo a mitad del camino y me asaltan muchas tentaciones que me invitan a abandonar, a instalarme en la comodidad y placeres. Saber que Tú me invitas a seguirte y a subir contigo a Jerusalén no me seduce, porque me da pereza y, según me dices, no tienes donde reclinar tu cabeza. 

Siempre estás en camino. ¿Es esa tu invitación, Señor? No tengo fuerzas ni tampoco ganas, pero mi corazón, Señor, si siente deseos de seguirte. Pero, ¿cómo, Señor? Por eso empezaba mi humilde reflexión - oración desnudándome ante Ti. Porque soy débil y frágil. Mi esperanza es saber que Tú me conoces y, conociéndome a fondo, ¿me invitas?

Eso transforma mi corazón y lo llena de esperanza, porque Tú, Señor, no puedes mandarme nada que yo, contando con Tu Gracia, no pueda hacer. Gracias, Señor, por tu Amor y Misericordia, y porque, no sólo me invitas, sino que me acompañas. Así, con tu ayuda y tu presencia eterna, puedo caminar tranquilo y esperanzado porque sé que puedo superar todas las pruebas que se me presentan en el camino. Porque, contigo Señor, soy mayoría aplastante. Amén.

martes, 27 de septiembre de 2016

SEÑOR, LO QUE TÚ DIGAS



Lo inmediato es protestar, o buscar defectos y fallos. Lo inmediato es rebelarnos y contradecir tus planes, Señor. Sobre todo si no son de nuestros gustos y nos incomodan. Aquellos samaritanos no te acogieron porque ibas camino de Jerusalén, y, quizás, nosotros dejamos también de acogerte porque nos resulta difícil seguirte y aceptar a los que caminan juntos a mí.

Danos, Señor, la docilidad de obedecerte y de confiar en lo que Tú digas. Dame, Señor, la humildad, como tu Madre María, para guardar las cosas que no entiendo y esperar con paciencia a que Tú las alumbre con tu Espíritu. Danos, Señor, la paciencia de saber esperar y aguardar a que llegue nuestra hora sin dejar de estar ni un momento en tu presencia.

Danos, Señor, la sabiduría de abrir las puertas de nuestros corazones y dejar que Tú entres en ellos y los transformes en corazones de carne, suaves y tierno a la misericordia y al perdón. Límpianos, Señor, de toda venganza y deseos de imponer nuestras voluntades por la fuerza. Y, enséñanos a comprender, perdonar y a amar con misericordia.

Danos las fuerzas de subir contigo a Jerusalén, a esa Jerusalén que es nuestra propia vida y compartirla contigo, ofreciéndotela y poniéndola en tus Manos para que Tú la fortalezca y la impulses a morir por amor y servicio a los demás. Danos, Señor, la luz y la voluntad que necesitamos para cumplir y vivir en tus mandatos sin desesperar ni apurarnos por nuestros fracasos y limitaciones. Que siempre los veamos como ocasiones y oportunidades que nos sirvan para crecer y preparar el momento de nuestra hora.

Te pedimos, Señor, que nos alumbre en los momentos difíciles y oscuros de nuestra propia subida, para que sepamos, como Tú, continuar la marcha sin titubeos y con firmeza, a pesar de que no encontremos la acogida que necesitamos y esperamos. Amén.

lunes, 26 de septiembre de 2016

SER ÚLTIMO PARA SER PRIMERO



Todos los hombres buscan los primeros puestos. Todos queremos ganar. Nadie juega con la intención de perder. Y eso ocurrió hace aproximadamente dos mil años. Los apóstoles se disputaban los primeros puestos y discutían sobre quien de ellos sería el mayor. No parece que los tiempos hayan cambiado mucho.

Jesús que advierte esas disputas y sabe lo que anhelan sus corazones, les dice: «El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe a Aquel que me ha enviado; pues el más pequeño de entre vosotros, ése es mayor». No se trata de mandar, sino de servir. Y se ocupa un puesto primero para servir, pues eso nos lo transmitió Jesús aquella noche en la que obligó a sus apóstoles a dejarse lavar los pies por Él.

Si Él, el Maestro, hace eso, ¿qué debemos hacer nosotros? Pues exactamente lo mismo, servir y servir. O lo que es lo mismo, amar y amar. Porque servir es amar. O dicho de otra forma, se sirve porque se ama. Y porque se ama, se sirve. Es lo que hace Jesús con todos nosotros, los pecadores. A pesar de nuestros pecados y rechazos, Jesús continúa ahí esperando nuestro regreso para llevarnos a la Casa del Padre.

Y en eso vale todo lo que nos ayude a regresar, porque de lo que se trata es de encontrar el camino de regreso. No todos, quizás, venga del mismo lugar o estén en el grupo, pero si todos aquellos que se esfuerzan en amar encontrarán el camino. 

Y eso es lo que pedimos en este momento de oración. Danos, Señor, la sabiduría de no poner obstáculos e impedimentos a aquellos que, de alguna manera, ayudan a encontrar el verdadero camino hacia Ti. Quizás no sea desde dentro o en la Iglesia, pero lo que verdaderamente importa es lo que nos dice Jesús: «No se lo impidáis, pues el que no está contra vosotros, está por vosotros». Amén.